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Leí el otro día que, si algo hemos aprendido del año que recién terminó, es que no todo estará bien y que no todo sucede por alguna razón (desconozco quien es el autor).  Llegó el coronavirus y nos cambió la vida a todos, de forma radical y de un día para el siguiente. Sin embargo, hemos sobrevivido en medio de limitaciones de movilidad, de reuniones, de poder darnos esos abrazos chapines sin temor al contagio y con cautela por nuestra propia salud y la de nuestros seres queridos.

Empieza un nuevo año y, aunque no tengamos todas las ilusiones y deseos que usualmente acompañan las doce campanadas de la media noche del 31 de diciembre, muchos tenemos optimismo, algunos planes y deseos de seguir luchando, trabajando y viviendo con intensidad.

Corre y va de nuevo el calendario pero algunas cosas no cambian. No faltaron los acarreados bloqueando la autopista Palín-Escuintla generando colas interminables y retrasos de hasta cinco horas para que los conductores pudieran llegar a su destino. Por la pandemia se redujo esta práctica ilegal pero tal parece que volveremos a padecerla. Quisiera que las autoridades arrestaran a esa gente por violar la ley que permite la libre circulación en todo el territorio nacional. 

La “chairada” seguirá activa, más ahora que estarán felices y empoderados por tener a un presidente demócrata en la Casa Blanca. Les será más fácil obtener recursos para “defender sus derechos”, continuar con sus luchas por la reivindicación de ellos mismos y vivir cómodamente con esos millonarios recursos provenientes de la “cooperación internacional”.

Empezará el ciclo escolar con retraso respecto a los años anteriores. La modalidad virtual podría empezar mañana pero no, será hasta mediados de febrero. El proceso de adaptación de los niños y sus progenitores ya se dio; ahora corre y va de nuevo hasta que tengamos la vacuna y la mayoría de guatemaltecos hayamos podido tener acceso a ella.

Este será otro lío. No habrá suficientes dosis para los 17 millones de chapines.  Esperemos que la planificación y ejecución de este proceso sea lo menos tortuoso posible o volveremos a ver protestas en las calles, acusaciones (sin pruebas), compadrazgos y quién sabe qué más. Las discusiones respecto a este tema abundan en las redes sociales. Muchos se han hecho acreedores de la verdad absoluta y aseguran todo tipo de efectos secundarios. Falta mucho por ver. De cualquier forma, de aquí a que tengamos la vacuna en Guate ya se habrán aplicado cientos de millones de vacunas en el mundo. Como siempre, no estamos adelante en la cola.

Los empresarios seguiremos como el salmón, nadando contra la corriente. Lo bueno es que, como será más de lo mismo, con algunas variantes, ya aprendimos a nadar así. Estamos en nuestra mejor forma cuando nos retan. Así somos los chapines así que ¡ánimo! ¡A sacar nuestras mejores neuronas para generar empleo y desarrollo, pues y sabemos cómo se  hace!

Feliz y próspero año para todos, excepto para la chairada.

Carolina Castellanos

la opinión de esta columna es ajena al criterio del noticiero el Vigilante

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