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Empezando por el principio, la Real Academia Española define este concepto como “dicho de una persona: muy sensible y poco interesada por lo material”. Es difícil pensar en esto en medio de una pandemia que cambió al mundo, causó más desempleo, problemas económicos por el cierre de empresas, corrupción ya incrustada en el sistema de gobierno y un largo etcétera.

Se acerca Navidad, una celebración trascendental para quienes somos creyentes y “vacaciones” para quienes no lo son. Es una época de sentimientos de amor al prójimo,  de apoyo a quienes tienen menos que nosotros, de buenos deseos hacia todos y de búsqueda de la tan ansiada paz.

Sin embargo, este año no se “siente” ese espíritu. Una partícula invisible arrasó con nuestra forma de vida. Los gobernantes a nivel mundial tomaron todo tipo de decisiones, buenas y malas y, por supuesto, hay consecuencias para todos. El cierre de empresas y la consecuente pérdida de empleos hace que muchos no sientan esa espiritualidad ni deseo de celebrar.

Es difícil escribir sobre temas positivos, como la espiritualidad, cuando nos hemos pasado el año quejándonos de todo. Ha habido mucha crítica a las acciones de gobierno, o a la falta de acciones en otras ocasiones. Como he escrito antes, la propuesta de soluciones y de rutas a seguir han sido los grandes ausentes. Los gremios empresariales han hecho su trabajo aportando lo que a su criterio es bueno para el país, pero quedan opacadas por las opiniones en redes sociales. 

También es difícil abstraerse de todo este entorno y tratar de vivir esa espiritualidad, cuando la celebración de Navidad será con distanciamiento social entre las mismas familias. Los tradicionales convivios no se llevarán a cabo y, los que sí se organicen, tendrán consecuencias pues el riesgo de contagio sigue vigente.

Ya pasamos dos tormentas en medio de la pandemia, y las cifras económicas muestran algún crecimiento. Las remesas crecerán pues nuestros compatriotas están enviando más de lo acostumbrado, a pesar de haber pasado alguna temporada sin trabajar. Con el esfuerzo de la gran mayoría de nosotros, tengo optimismo por el futuro, aunque de pronto es más fe que otra cosa.

¿Habrá algo de espiritual en esta época? Sí, y mucho. Hay gran cantidad de cosas por las que podemos estar agradecidos. Solo es cuestión de hacer un inventario para darnos cuenta. Habrá quienes perdieron un ser querido por el coronavirus. Mi solidaridad con ellos y mi deseo porque encuentren paz.

A todos les deseo muy feliz Navidad (no “felices fiestas” pues sí soy creyente). Encontraremos la forma de darnos abrazos sin abrazar, de compartir con distanciamiento y de imaginar un futuro más solidario y próspero para todos

CAROLINA CASTELLANOS

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