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CONFLICTIVIDAD, DESIGUALDAD Y CRISIS POLITICA

En Guatemala, la ausencia de Estado y la debilidad institucional no han permitido generar las condiciones necesarias para armonizar  las relaciones sociales entre personas y comunidades, lo cual es una realidad innegable, esas dos variables permiten  la conflictividad social, lo que ha dejado que diversos actores recurran a la  fuerza como una estrategia  que les permita negociar lo que por otros medios no pueden obtener y como resultado cada vez miramos cómo el número de conflictos sociales se incrementan y cómo, a la vez, el Estado y sus instituciones se debilitan.

Guatemala es una de las economías más grandes y fuertes  de Centroamérica, pero a la vez es de los países con mayor desigualdad en Latinoamérica y, de acuerdo al Banco Mundial, nuestro país ocupa el noveno lugar entre los países más desiguales del mundo.

No se necesita ser experto para entender que esa desigualdad, en cualquier país que se manifieste, permite ver un aumento de la pobreza, lo que a la vez limita el crecimiento económico de una gran parte del conglomerado social, aumenta la conflictividad social, la violencia y la delincuencia, condiciones que, al final, debilitan la cohesión social.

La desigualdad tiene múltiples formas de expresión que se mezclan entre sí y generan situaciones de exclusión, el concepto de exclusión social se refiere a los procesos y situaciones que impiden la satisfacción de las necesidades básicas de las personas como son el trabajo, la vivienda, la educación, el acceso a la salud y su participación en la sociedad.

Este año que finaliza, se caracterizó por enfrentar la pandemia mundial del Covid 19, que sin lugar a dudas complicó la economía a todo nivel, pero  afectó mucho  la economía familiar y a un gran segmento de la clase media que se vio de la noche a la mañana empobrecida, se perdieron miles de plazas de trabajo y quebraron muchas micro, pequeñas y medianas empresas en todos los sectores de la actividad productiva y, para venirnos a rematar, entra el huracán Eta y la depresión Iota que hacen añicos la economía de una gran parte de la población, especialmente en el área rural, lo que complica mucho más  la economía familiar y genera  hambre que está apretando en muchos lugares del país, el ejecutivo debe  tomar cartas en el asunto rápidamente o el país, sin lugar a dudas, se complicará.

Y por último, la crisis política que no ha sido resuelta, que se mantiene y que, definitivamente, no terminará hasta que no se cumplan muchas de las demandas realizadas por los manifestantes de la plaza central por lo que, el margen de acción que tiene el Presidente Giammattei para solucionar la gran mayoría de esas demandas es lo que resta del mes de diciembre, pero al contrario de lo que se pueda pensar,  enero será determinante para solucionar de una vez por todas esta crisis, ya que los manifestantes volverán nuevamente a estar presentes y atentos a cualquier movimiento distinto a los planteamientos realizados por una parte importante de la población.  Con la paz, la tranquilidad y la seguridad de un pueblo no se puede jugar.

GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

LIC. JULIO RIVERA CLAVERIA

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