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Por alguna razón, las conmemoración de uno y otro tema se dan en días seguidos. El 9 de diciembre es el día internacional contra la corrupción y el 10 le toca el turno a los derechos humanos. Sin importar la razón histórica por la que una conmemoración sucede a la otra, de pronto tienen alguna relación por allí. Veamos.

Como es usual, la Organización de Naciones Unidas (ONU) se pronunció al respecto de la corrupción por medio de su Secretario General. Él dijo “la corrupción es criminal e inmoral, y representa la máxima traición a la confianza pública. Es aún más perjudicial en tiempos de crisis, como está ocurriendo ahora en el mundo con la pandemia por el COVID-19”. Seguramente todos estamos de acuerdo con esto. En nuestra Guate se incrementaron las acusaciones de este acto a raíz de las ampliaciones presupuestarias para atender la emergencia sanitaria. Lamentablemente, no he visto una sola acusación ir acompañada de pruebas y mucho menos de denuncias penales en contra de los acusados. Es importante actuar.

La inesperada crisis, sumada a la falta de capacidad de los gobiernos (unos más que otros) para atender a toda la población necesitada, establecer medidas de prevención para reducir el contagio, proveer de los insumos necesarios, etc., además de las ampliaciones presupuestarias, fue suficiente para que las acusaciones de corrupción no se hicieran esperar.

El artículo uno de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Diariamente vivimos los efectos de la corrupción y cómo ésta atenta contra todo, empezando por la dignidad de la persona misma.

Siendo la corrupción una pandemia permanente, la lucha contra este flagelo nunca va a ninguna parte pues el interés de mantenerla vigente es muy grande. La misma “clase política” es la menos interesada en tomar acciones de fondo. Los “chairos” (socialistas por conveniencia, no por convicción), la utilizan para obtener financiamiento. Divulgan sus discursos y toman acciones para quejarse y denunciar públicamente a los políticos de turno. Vimos recientemente lo sucedido en el  parque central.  La convocatoria disminuyó en el segundo sábado de protestas y casi desapareció en el tercero. ¡Se les acabó el pisto!

El artículo tres de la Declaración habla de protección a la vida, la seguridad y la libertad. La expansión de las maras y sus extorsiones, asaltos y demás, sin consecuencias penales, atenta contra este derecho. 

El diecisiete se refiere al derecho a la propiedad individual y colectiva, y vemos la constante invasión de fincas (hay más de 1,700 invadidas) sin que ningún gobierno haga algo contundente para resolverlo.

El artículo veintidós es sobre el derecho a la seguridad social y el veinticinco a la asistencia médica. El IGSS ha sido un centro de corrupción casi desde su creación, al igual que los hospitales nacionales. Todo esto va en detrimento de la atención en salud con calidad y dignidad para aquellos que lo requieren.

El artículo veintiséis se refiere al derecho a la educación. Tenemos un ministerio que utiliza más del 90% de su presupuesto en pagar salarios y bonos a los maestros. Está más que demostrado que la calidad educativa es pésima y, sin esto, es imposible que Guatemala tenga un futuro con desarrollo y prosperidad.

No estoy de acuerdo con todo el contenido de la Declaración. Al final, fue hecha por la ONU, que ha demostrado su ideología de izquierda radical así como la corrupción que hay a lo interno. El Consejo de Derechos Humanos está lleno de países cuya forma de gobierno se caracteriza por violar todo derecho ciudadano e individual (Venezuela y Afganistán, entre otros). Sin embargo, es importante hacer esta relación para darnos cuenta que, independientemente de las organizaciones, gobiernos, políticos, sindicatos corruptos, etc., lo más importante es la persona individual, usted y yo, y de la preservación de nuestros derechos como seres humanos, de nuestra inherente libertad y de la dignidad que Dios nos concede como seres humanos únicos e irrepetibles

Columna de Opinión de Carolina Castellanos

Los comentarios expresados en esta columna son ajenos al Noticiero El Vigilante

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