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El presidente Donald Trump y su equipo legal están exponiendo un fraude electoral masivo en ciudades controladas por los demócratas en los estados oscilantes. Esto se parece a 1960, cuando el alcalde de Chicago Richard Daley timó la elección presidencial a favor de John Kennedy. La diferencia en 2020 es que el robo se llevó a cabo en más de una ciudad, lo que hace a las irregularidades estadísticas más evidentes.

Los demócratas han cometido fraude en grandes ciudades por muchos años, y perderemos nuestra libertad si no lo confrontamos. Somos afortunados de que Trump lo esté haciendo por la integridad de esta y futuras elecciones, empezando por la segunda vuelta para el Senado del 5 de enero en Georgia.

Los llamados a Trump para darse por vencido se desprenden de la necesidad demócrata para evitar el descubrimiento —donde se recopila evidencia en procedimientos judiciales—. Los demócratas desean proteger el fraude para facultar un Estado unipartidario.

Los medios aliados a los demócratas están presionando a los congresistas republicanos para que se unan a ellos y digan que no hubo fraude, que la elección está decidida. Independientemente de sus opiniones personales acerca de Trump, los legisladores republicanos no deben unirse con colegas como Mitt Romney. Él tiene una animadversión personal contra Trump y está ayudando a la prensa demócrata a esconder el fraude debajo de la alfombra.

Los republicanos deben pararse y aplaudir los esfuerzos de Trump para descubrir y revelar la verdad.

El precedente de Chicago

Nixon creyó que desafiar el fraude en Chicago perjudicaría sus oportunidades políticas a futuro. Nixon puso su ambición personal por encima de los intereses nacionales al no denunciar y exponer completamente el fraude de 1960. Esto propició la corrupción electoral urbana que ha continuado por sesenta años,

Los votos incluyen a personas muertas, no residentes y extranjeros. Además del conteo de papeletas no verificadas, existen violaciones a la protección equitativa, exclusión de veedores electorales republicanos y problemas informáticos con las máquinas de votación.

Una encuesta reciente de Rasmussen realizada a 1.000 estadounidenses encontró que 47% cree que los demócratas robaron votos o destruyeron papeletas a favor de Trump. Como Rudi Giuliani expuso la semana pasada, hay mucha evidencia que apoya esto. En Pensilvania, hay declaraciones juradas diciendo que 682.770 papeletas no fueron inspeccionadas pero aún así entraron en los resultados finales. En Wisconsin, 100.000 papeletas no tenían aplicaciones, como lo dispone la ley del estado. En Georgia, igualmente, muchos votantes no firmaron, incumplendo la ley estatal.

Totalitarios a las puerta de entrada

En la elección de 1960, ningún bando amenazaba nuestra libertad; los valores fundamentales de la nación y sus estructuras no estaban por cambiar. Ahora no es así. Los demócratas han mostrado valores totalitarios.

Luego de negarse a aceptar los resultados de 2016, los demócratas ahora denuncian y demonizan como enemigos a todos los que reclaman fraude. Los líderes demócratas, incluyendo a la representante demócrata Alexandria Ocasio-Cortez han pedido crear listas de los defensores de Trump para castigarlos. Ellos amenazan, hostigan y difaman a los funcionarios electorales y otros que no cooperaron con el fraude.

Los demócratas y sus medios aliados utilizan la guerra de información para suprimir el fraude electoral, lo que pone en evidencia su desprecio por los votantes de Trump y la democracia. El profesor de jurisprudencia en Harvard, Alan Dershowitz, dice que impugnar la elección es el derecho constitucional del equipo de Trump.

El equipo de Joe Biden argumenta que la falta de concesión de Trump perjudica la seguridad nacional y los esfuerzos para combatir al COVID-19. Aquellas demandas son una distracción mal montada. Nada es más importante para una democracia que la confianza de las elecciones. Los votantes de los candidatos que han perdido necesitan saber que la elección fue justa.

Los planes demócratas —de acabar con los obstáculos parlamentarios y aumentar el número de magistrados en la Corte Suprema— preparan el camino para un Estado totalitario. Están cerca de crearlo. Si sus candidatos ganan las elecciones en Georgia, los demócratas controlarán el Senado. Ellos podrían ejecutar su agenda totalitaria socialista.

La prueba de Georgia

Para hacerlo, ellos necesitan repetir el fraude de la elección de noviembre en Atlanta en enero. Los esfuerzos de Trump para exponerlo dificultan a los demócratas replicar el fraude.

Puede que los demócratas hayan borrado suficientes huellas de la escena del crimen para salir librados de esta. Aunque no enfrenten penas explícitas, necesitamos deslumbrar las irregularidades de la elección presidencial de 2020 lo que más podamos.

Las rencillas republicanas y las solicitudes para que Trump se rinda facultan al Estado totalitario. Todos quienes aman la libertad deben apoyar los esfuerzos críticos de Trump para exponer el fraude electoral. La libertad también necesita que los dos republicanos ganen en Georgia el 5 de enero.

El control republicano del Senado es crucial pero insuficiente para impedir el socialismo. Los demócratas saben que sus políticas harán imposible que ellos ganen en 2022 y 2024 sin recurrir al fraude. Debemos crear protecciones en su contra.

Los perpetradores saben que sería desafiante probar el fraude multifacético en el corto periodo de tiempo entre la elección y la reunión del Colegio Electoral. La ratificación de Biden enterraría todo el asunto. Los demócratas se saldrían con la suya sin un fraude evidente por falta de tiempo y un consecuente gobierno corrupto.

Ese gobierno solo puede llevar hacia el totalitarismo o a una conmoción violenta.

Trump está haciendo un tremendo servicio a nuestra república. Él está luchando para exponer cómo los políticos corruptos de distintas ciudades roban las elecciones a los republicanos. Para quienes creen que suena como teoría conspirativa, piensen en Chicago de 1960.

Steven Hecht

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