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Estamos en un duelo de ideas en el Hemisferio Occidental, que incluye dos extremos muy claros y cada vez más antagónicos. Por un lado, el globalismo que inclina a las sociedades a adoptar lo extranjero por encima de lo nacional, y no hablo de tenis hechos en China. Me refiero a conceptos de vida, cambios al tejido social del país, conceptos políticos, para incorporar ideas totalmente ajenas y con frecuencia opuestas a la identidad cultural de la nación.

Por otro lado, está el nacionalismo creciente, que los globalistas tachan de facismo aunque nada tiene en común por razones elementales. Contrario al fascismo, el nacionalismo moderno, se basa en un orgullo por lo nacional. Mientras el nacionalismo fascista victimiza a la sociedad, el nacionalismo actual la ensalza y se enfoca en todas sus fortalezas que la hacen única y especial.

Este duelo de conceptos e ideas que redundan en acciones han alcanzado un gremio sumamente delicado y de esencial importancia para el país: el gremio médico. Y así, vemos en varios países del Hemisferio, una competencia injusta entre médicos cubanos importados, y los médicos locales. Injusticia porque en un extremo los gobiernos pagan millones de dólares de nuestros impuestos a Cuba por sus delegados, y llegan al colmo de no pagar salarios de personal médico nacional, cómo por ejemplo en el caso del personal médico en primera línea de batalla en Guatemala.

En Guatemala, el personal al frente de la lucha contra el covid19 se quejó por varios meses por falta de pago, la carencia de equipo médico adecuado incluyendo de protección. Según hemos visto recientemente, el problema no ha sido resuelto.

Mientras el desempleo de médicos locales aumenta, en medio de protestas de diversos actores, el gobierno actual insiste en renovar los convenios con Cuba. ¿Descaro? ¿Incompetencia? ¿Falta de lógica? ¿Cómo podemos llamar a este hecho?

Importante que la opinión pública sepa que las brigadas médicas incluyen no sólo médicos y enfermeras, algunos sin acreditación alguna que compruebe su capacidad profesional, sino también gente que no tiene relación con la medicina, y fungen como espías, adoctrinadores, e inclusive, conductores de vehículos. En internet se encuentra, para el que busca, información de casos de mala práctica médica en Venezuela, Brasil, Colombia y otros países.

Hay cubanos de las brigadas en por lo menos 9 de los Ministerios del país, que nada tienen que ver con la salud.

Para colmo, entes internacionales señalan el programa cubano cómo una clara forma de esclavitud moderna. Es un negocio redondo para la isla, que retiene entre el 80 y el 95% de los salarios que los gobiernos anfitriones pagan por cada cubano en sus suelos, sea médico, espía, o lo que sea. Y mientras en Cuba la nomenclatura castrista celebra sus multimillonarios ingresos, el desempleo de personal nacional en el país anfitrión, aumenta en detrimento de familias nacionales, de la economía, del país.

Es tal la ambición de los líderes cubanos, que envían gente no calificada como parte de esas delegaciones. Hay casos de mala práctica médica reportados en varios países, porque quién atendió al paciente no era médico, era un técnico. Que hay algunos excelente médicos en sus filas, los hay. Pero que hay gente con nivel técnico haciendo cirugías mayores, también los hay. Bueno, que podemos esperar si hay choferes y gente que nada tiene que ver con la medicina, incluida en esas brigadas.

Médicos guatemaltecos, graduados de la Universidad de San Carlos y de la Universidad Francisco Marroquín han sido laureados y son altamente apreciados en el extranjero. Tenemos excelente nivel académico, pero esa tendencia generalizada a menospreciar lo nuestro nos hace preferir lo de afuera a lo nuestro. Esa mentalidad debe cambiar.

¿Cuándo iremos a apreciar, defender y poner a los guatemaltecos y a Guatemala por encima de todo? ¿Entreguaría usted el dominio de su hogar al Estado, o a alguien externo? Es lo mismo, a nivel macro. #pensarnoduele #pensarnocuesta

Betty Marroquín

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