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Lo que está pasando en Chile parece sacado de las interioridades narrativas de aquella letra del movimiento feminista que decía: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía. El violador eres tú. Son los pacos, los jueces. El Estado, el presidente; el Estado opresor, es un macho violador”.

El estribillo aplicaría para traducir el argumento que retrata como un dinosaurio de fauces abiertas y babas caídas a ese “estado opresor neoliberal”, descrito en aquel libro publicado, con fanfarria, luces y tarimas, y endosado por Bachelet en el 2013, El otro modelo. Del orden neoliberal al régimen de lo público. Atria, F.; Benavente, J. M.; Couso, J.; Larraín, G.; and Joignant, A. (2013) y que ahora la “mayoría” votante reiteró con vehemencia en este referéndum.

La ilustración en la portada del libro retrata con perfecta claridad el contenido y la visión del movimiento: Cinco trabajadores destruyendo un ladrillo. “El ladrillo fue el nombre que se le dio al programa económico escrito por los Chicago Boys a principios de la década de 1970 e implementado después de la caída de Allende”. El mensaje era claro, y Bachelet, en su segundo mandato, sería la que bajaría la guillotina sobre un sistema diferente, mediante un “gobierno igualitario más agresivo en la línea denunciada por Cortázar, su ministro durante el primer mandato de Bachelet (2014-18), en el que se aprobaron varias reformas estatistas, con el objetivo de “acabar con los vestigios neoliberales”, como dijo la propia Bachelet”.

Cortázar, economista de tendencia centro izquierda, y ahora un crítico de Bachelet, recuerda que “el crecimiento, que había permitido un fuerte aumento de los salarios, el empleo y el consumo, y que había permitido el surgimiento de nuevos sectores medios, comenzó a darse por sentado, por muchos. Se olvidó que el crecimiento acelerado “no era un atributo del alma nacional”; que en general nuestro desarrollo había sido mediocre; y que solo la implementación de reglas de juego de buena calidad, y la construcción de consensos en torno a ellas, habían permitido saltar al primer lugar en la región” Cortázar 2019

El resultado “Las reformas laborales, tributarias y educativas de Bachelet, combinadas con una narrativa extremadamente hostil contra las empresas y las ideas del mercado, provocaron una de las recesiones económicas sin precedentes en décadas. De hecho, entre 2014 y 2017 la tasa de crecimiento económico promedio de Chile fue de 1.8 por ciento, la más baja desde principios de la década de 1980 y casi un tercio de la tasa de 5.2 por ciento alcanzada en los cuatro años anteriores de la administración 2010-14 de Sebastián Piñera”.

La cronología de la decadencia puede detectarse desde el momento en que se creyó que se podía hacer menos desiguales a los chilenos. Siempre ha sido la teoría socialista de distribuir para equiparar. A pesar de los sonoros fracasos y desplomes de los países donde se ha practicado el culto de la “igualdad”, la lección no parece haberla aprendido ni siquiera Sebastián Piñera, que no solo alentó el sistema de bienestar con programas clientelares para aplacar la ira de lo irredentos radicales, sino lo imperdonable: salir a pedir perdón en vez de aplicar el poder coercitivo de la ley cuando se incendiaron iglesias y valiosa infraestructura pública; y por no haber defendido los pilares económicos que pusieron a Chile a la cabeza de la Latinoamérica.
Y bueno que destruidos los ladrillos se derrumba el edificio.

Alfred Kaltschmitt

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