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Al final de cuentas, prácticamente todo en la vida son ciclos. Nada es para siempre y lo que nos ocupaba hoy nuestra mente, tiempo y energía, en un tiempo será un recuerdo. Definitivamente, cada ciclo deja una huella, positiva o negativa, pero allí se quedará. Toca decidir qué hacer con ella y seguir adelante.

La pandemia llegó sin previo aviso. A mediados de marzo nos vimos en  la necesidad de quedarnos encerrados y buscar la forma de sobrevivir. A unos nos fue mejor que a otros (yo estoy muy agradecida con Dios), pero no ha sido fácil para  nadie. Las huellas que está dejando este virus son diversas: seres queridos fallecidos, otros recuperados pero con secuelas en su estado de salud. La situación económica de cada uno se vio mermada, amenazada y hasta disminuida. Guatemala empieza a resurgir gracias al esfuerzo de todos pero pasarán años antes que este ciclo termine de cerrarse.

El gobierno de turno está por terminar su  primer año de gestión. Los funcionarios han sido acusados de ladrones, corruptos, ineptos y cuanta cosa. No me cabe duda que la corrupción continúa pues el sistema está creado para eso. Teniendo que luchar contra una partícula invisible y con la responsabilidad del país en sus hombros, será la historia quien los juzgará, o la justicia, si alguna vez una de tantas acusaciones de corrupción va acompañada de pruebas y se inicia un proceso legal.

El ciclo de la corrupción es infinito mientras no se cambie el sistema de compras y contrataciones. Es fundamental reducir significativamente el tamaño del gobierno y dejar que la iniciativa privada sea quien provea de productos y servicios a la población. Habiendo competencia y reglas claras, los precios serán bajos y los servicios con excelencia y, sobre todo, con dignidad para quien los requiere. Esto debe ir unido a la simplificación de procesos y a hacerlos todos vía informática para reducir la discrecionalidad de los funcionarios.

Hay otro ciclo infinito: el de la conflictividad. La pandemia dejó a los gobiernos sin dinero y eso ha ocasionado que las oenegés que viven de los aportes que algunos gobiernos les dan, hayan estado sin actividad en esta época. Algunas empiezan a surgir para que no se olviden de ellos. Una decidió interponer un recurso de inconstitucionalidad en contra de la Ley General de Electricidad. A mi criterio, es una de las mejores leyes que tenemos. La principal razón de la oposición es que la energía debe ser gratis. Ajá… No hay nada gratis en este mundo, absolutamente nada, y menos cuando se trata de grandes inversiones para que usted y yo podamos conectar nuestro celular y computadora, ver TV y echar a andar la maquinaria productiva de los negocios. También han habido uno o dos intentos de bloqueos. Me alegra ver que el gobierno ha actuado y los ha detenido.

El ciclo que parece tener su fin cercano es el de la híper corrupta e ideologizada corte de constitucionalidad. Son tantas las ilegalidades cometidas que deseo que el fin del ciclo sea cuando los tres principales actores destructivos sean condenados a cien años en la cárcel. Es inaudito todo lo sucedido respecto a la ausencia por enfermedad de uno de los magistrados. Fue ponerle la tapa al pomo de ilegalidades e injusticias. Ahora parece que el balance será tres a dos, inclinado hacia la derecha de la balanza. Lamentablemente, la justicia imparcial y ciega no existirá mientras las leyes sean interpretativas y los jueces estén vendidos a los poderes oscuros de la izquierda destructiva.

El ciclo electoral en Estados Unidos está por concluir. La batalla ha sido durísima por la misma razón que la corte aquí: la izquierda y sus tentáculos de dinero y corrupción están destruyendo todo lo que tocan. Vemos los ataques a las iglesias, el movimiento black lives matter y otros, que son inmunes a la ley. Ojalá este ciclo termine para el bien de todos y esas fuerzas oscuras se queden en la trastienda recogiendo los pedazos que ellos mismos dejaron regados a lo largo y ancho del país.

CAROLINA CASTELLANOS

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