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Es mi valor favorito, sin duda alguna, razón por la que he escrito sobre esto y lo menciono con frecuencia. Para refrescar la memoria, la RAE define libertad como “la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. También define libertad en los sistemas democráticos como “el derecho de valor superior que asegura la libre determinación de las personas.”

El martes próximo es 15 de septiembre, día en que celebramos 199 años de nuestra independencia de la entonces madre patria, España. Eso nos hizo libres de la dirigencia de alguien más para tomar nosotros el destino de Guatemala. Debemos recordar esto cada vez que alguien mencione a la CICIG. 

Cada año vemos un supuesto civismo manifestado con las intolerables marchas con antorchas que ponen en riesgo la vida y seguridad de los niños y jóvenes y limitan la libre locomoción por las calles y carreteras. Los conductores y los patojos son expuestos a riesgos innecesarios, todo para “celebrar” la independencia.

A la vuelta de la esquina, el conductor tira basura por la ventana. Al ver el recorrido de las antorchas, nos percatamos que los patojos han hecho lo mismo pues hay cualquier cantidad de basura tirada en el suelo, sí, en el patrio que, unos minutos antes, fue proclamado y vitoreado.

Este año, a consecuencia del coronavirus, no habrá marchas con antorchas. Es un buen momento para reflexionar si realmente se está impartiendo civismo a tantos niños y jóvenes.  El resultado de la reflexión es inmediato: ¡definitivamente no!

También es buen momento para planificar actividades a lo largo de todo el año para fomentar ese necesario civismo. Por ejemplo, hacer varias jornadas sembrando árboles. También se podrían pintar banquetas y mejorar así el ornato del área donde está el centro educativo. Algo mucho más trascendente sería ponerlos a recoger la basura de las calles y luego depositar lo recolectado en lugares definidos por la municipalidad del lugar.  Esto ayudaría a que ya no tiren la basura donde sea, al verse obligados a recogerla, al menos una vez al mes, durante todo el ciclo escolar.

En “mis tiempos” tuvimos lo que se llamaron los “martes cívicos”. Se izaba la bandera y se entonaba el himno nacional.  El resultado fue que nos memorizamos el himno, pues no se valía llevarlo impreso. También fuimos a pintar banquetas de blanco, con agua de cal, en alguna ocasión.

¿Por qué es importante todo esto? Primero, las actividades de civismo llevan consigo, sin excepción, principios y valores morales y éticos.

Segundo, son los jóvenes las presas más fáciles para caer en manos de quienes quieren destruir nuestro sistema de vida en libertad. La indoctrinación de jóvenes por parte de quienes promueven el socialismo mientras se visten con ropa falsificada que llevan las marcas capitalistas impresas en ella. Viven tranquilamente en un país que les da todo y se rasgan las vestiduras por quienes tienen menos que ellos pero no dan un centavo para contribuir a mejorar la calidad de vida de aquellos que dicen defender.

La juventud mal encauzada es la que está destruyendo países. Veamos los “antifa” y  los “black lives matter” en varias ciudades en Estados Unidos.  Dicen que defienden a los de raza negra mientras destruyen todo aquello que le da una vida digna a esas personas que dicen defender.

Guatemala no es la excepción. Grupos bajo la sombrilla de una “oenegé” dicen defender a los indígenas de la discriminación a la que se supone son víctimas cuando lo único que  hacen es obtener enormes cantidades de recursos para hacerse visibles, comprar funcionarios y plasmar sus luchas en los medios de comunicación, todo desde sus cómodas viviendas, sus teléfonos celulares, sus vehículos todo terreno y usando las redes sociales (capitalismo y libertad en su máxima expresión) para quejarse de ese sistema discriminatorio.

Estoy  más que segura que las actividades de fomento al civismo (las que mencioné y muchas otras), lograrían cambiar el futuro de Guatemala al tener ciudadanos comprometidos con el bienestar de ellos mismos, de sus familias, de sus trabajos (propios o no) y de sus comunidades.

 

CAROLINA CASTELLANOS

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