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Parábola del mundo imperfecto

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En el amanecer de un fragante día invernal, en una angosta vereda de un bosque de eucaliptos, repentinamente me encontré con un ente que reclamaba ser el Supremo Creador. Tenía la apariencia de una cambiante nube iridiscente, que flotaba serena sobre el húmedo suelo del bosque, entre rosas, mariposas, ruiseñores, abejas, libélulas y pálidos rayos de luz solar.

La nube se reflejaba vibrátil en el agua regocijada de los riachuelos o de los manantiales. Brotaba de ella una voz majestuosa y clara, semejante a un canto coral en un vasto templo de cristal. Era una voz que la floresta escuchaba extasiada, y el cielo propagaba estupefacto.

“En este bosque sentiste mi presencia con tal intensidad, que me invitaste a manifestarme. No importa la forma de la manifestación. Solo importa que soy yo, el Supremo Creador”, dijo el presunto ente divino. “¿Cómo sé que lo eres?”, díjele. Y él me respondió así: “No necesitas saberlo. Es suficiente que me presientas.”.

Y yo díjele: “Y es así. Te presiento. Eres el Supremo Creador. Muchas gracias por tu fantástica manifestación. ¿Puedo plantearte una pregunta?” Entonces él me dijo: “Plantea tu pregunta; pero no podré responderla si es sobre profundos misterios de la creación, que en esta terrestre residencia el ser humano jamás podría comprender. Escúchote, intrépido pero amado mortal.” Esta fue mi pregunta: “¿Por qué creaste un mundo imperfecto?” El Supremo Creador calló, no perturbado, sino preocupado por encontrar una respuesta que yo pudiera comprender.

Aproveché su silencio para suministrarle algunos ejemplos de imperfección, y díjele así: “Hay vida, amor, placer, felicidad, salud, bondad, inteligencia, justicia, esperanza, lealtad, paz y juventud; pero también hay muerte, odio, dolor, infelicidad, enfermedad, maldad, estupidez, injusticia, frustración, traición, guerra y vejez.”

“Es difícil obtener aquello que más queremos; pero es fácil obtener aquello que menos queremos. Las mejores cosas tienden a ser escasas, y las peores tienden a ser abundantes. Casi nunca encontramos lo que tanto añoramos; pero casi siempre encontramos lo que tanto detestamos. Perseguimos el acierto y no lo alcanzamos; pero nos persigue el error y nos alcanza. El éxito nunca es seguro, y el fracaso nos acecha impaciente.”

El bosque súbitamente calló, y el Supremo Creador me respondió así: “Mi mundo, el Reino de los Cielos, es perfecto. Crear un mundo más perfecto era imposible. ¡El Reino de los Cielos era la suma perfección! Crear uno igualmente perfecto era innecesario. ¿Por qué duplicar la suma perfección? Entonces, solo podía crear un mundo imperfecto. Y decidí crearlo. No era mi propósito que fuera un mundo para el ser humano que sufre una necesaria imperfección, y se lamenta de ella, y puede culparla de todos los males que le acaecen.”

“Fue mi propósito crear ese mundo, el Reino de la Tierra, para el ser humano que reconoce esa imperfección, y en ella discierne entre el defecto que puede ser corregido, y actúa para corregirlo, y el defecto que no puede ser corregido, y lo presupone como algo que no es motivo de lamentación sino que exige acción con coraje. Fui creador, pues, de un mundo imperfecto, que puede ser menos imperfecto. ¡Y benditos sean aquellos que reducen esa imperfección!”

“Y dichosos sean aquellos que bendicen su advenimiento a este mundo, porque así bendicen la más maravillosa oportunidad que yo podía darles: la vida; pero no solo la mera vida, sino la más grandiosa, porque es vida del espíritu, que se erige glorioso sobre luminosas estrellas y vastas galaxias, tan solo porque ellas no saben de ellas mismas, pero él sabe de ellas y también de él mismo. Y su racionalidad puede buscar la más elusiva verdad, y su sentir puede ser origen de heroica bondad, y su voluntad puede someterse a una intransigente moralidad. Es decisión de cada quien aprovechar o no aprovechar la oportunidad que he brindado.”

“Y aquellos que han convertido en arte el quejarse de la imperfección del mundo, y que quizá hasta me acusan de ser un ineficiente Supremo Creador, y tienen la arrogancia de creer que podrían haberme dado instrucciones para crear un mejor mundo terrenal, pero nunca han intentado ser mejores ellos mismos, y pretenden que la obra de su negligencia sea obra mía, han de saber que agregan al mundo imperfecciones peores que aquellas que son inherentes al mundo del que fui creador. ¡Y hasta ignoran que, en un mundo perfecto, jamás hubieran existido!”

Post scriptum. La multiforme nube iridiscente dispersóse súbitamente. El apresurado caminar de algunas cercanas perdices me despertó. El bosque parecía flotar entre la bruma; y la luz solar se filtraba entre los brumosos ramajes de los aromáticos eucaliptos.

Muchas compañías han decidido emigrar del país

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Este fenómeno dejó de ser una novedad. En todo caso, el peligroso cóctel que se ha ido engendrando encontró un detonante en esta crisis sanitaria, que aceleró un proceso que ya venía ocurriendo gradualmente.

No es esta una apreciación subjetiva, sino que lo indican los estudios más serios, esos mismos que sostienen que una inmensa mayoría de los ciudadanos en estas latitudes desprecia a los empresarios.

No importa si son nacionales o extranjeros, aunque ese sentimiento negativo se incrementa cuando los personajes son foráneos, tomando mayor vigor aun cuando los protagonistas provienen de naciones del primer mundo especialmente si son “americanos” o europeos.

Una extraña mezcla de vergonzosa xenofobia, resentimiento congénito y envidia visceral configura el perfil de estos “odiadores” seriales que caricaturizan a sus enemigos como individuos de frac que en una mano llevan un habano refinado y en la otra un portafolio repleto de billetes.

Bajo esa parodia los imaginan como seres siniestros, sin escrúpulos, capaces de esclavizar a sus empleados y deshacerse de sus inversiones sin pudor alguno. Los sindican como inhumanos, despiadados e insensibles, pero sobre todo como egoístas.

Claro que algunos son canallas de pura cepa, pero también los hay en el periodismo, la ciencia, en la política o la religión. Pese a que es un error quedarse con ese aspecto sesgado, ante cada rufián que encaja en el perfil insisten en suponer que el resto seguramente es igual.

Esa visión ha hecho daño, pero no ha sido casual, ya que fue alimentada por gente rencorosa, que se siente molesta ante la prosperidad ajena y su imposibilidad de triunfar. Habrá que decir que también fue promovida por intereses ideológicos descarados cuyo blanco predilecto es el capitalismo.

Hoy, con el diario del lunes, podemos ver sus catastróficas derivaciones. Esa hostilidad discursiva se ha convertido en una catarata de regulaciones que atacan a los emprendimientos. Con la lupa puesta en evitar los supuestos abusos y “cuidar” de los más vulnerables de sus brutales métodos, nacieron ridículas leyes que sólo desalientan cualquier iniciativa.

La normativa laboral es cada vez más agresiva con quien decide apostar con lo propio. Los pleitos judiciales, ante cualquier conflicto, son casi siempre favorables a los trabajadores. El corolario de esta “protección” a los más débiles sólo logra que los empleadores desistan de la idea de convocar a nuevos colaboradores y recarguen todas las tareas en los sobrevivientes.

La creciente presión impositiva, esa que saquea al que produce, no sólo funciona como un inexplicable castigo para quien invierte, sino que invariablemente se traduce en una suba de los precios a los consumidores generando un perjuicio indeseado a quienes procura defender.

Inflación descontrolada, infraestructura decadente, inseguridad jurídica elocuente y un clima de negocios espantoso completan este dramático cuadro que solamente invita a retirarse del juego lo antes posible.

Los que pueden aun huir físicamente lo hacen, aunque a veces se conforman con que sus recursos emigren, especialmente, hacia aquellos destinos donde emprender es una virtud y no un pecado.

Demasiada gente que no ha comprendido que sin empresas no hay empleo, ni recaudación de impuestos. Así, los gobiernos se quedarán sin fondos y el “Estado presente” que fascina a los “pseudoprogresistas” desaparecerá.

La infantil idea de que los gobernantes se pueden financiar emitiendo dinero artificial sin feroces consecuencias es falaz. Los que creen que pueden vivir de crédito en crédito también están equivocados.

Subyace, en estos atacantes crónicos de la empresarialidad, un indisimulable espíritu autoritario. Sólo pretenden que un individuo arriesgue su capital y lo ponga al servicio de sus disparatadas aspiraciones. Por eso presionan para que la legislación obligue a ese sujeto a hacer con lo suyo lo que ellos desean. En definitiva, lo que quieren es someterlo sin pudor.

Obviamente, esa perversa lógica aplica exclusivamente para “otros”. Cuando los interlocutores de estos dislates deben seguir similares reglas recuerdan rápidamente el valor de la propiedad privada y de la libertad para decidir sobre su patrimonio.

Cuando los productores, comerciantes e industriales ahorran en otras divisas los acusan de especuladores, pero si ellos mismos acuden a la ilegalidad para hacerlo, en una escala menor, se amparan en la imperiosa necesidad de proteger su poder adquisitivo. Es así como aparece el doble estándar clásico de la patética progresía contemporánea.

Ahora deben estar muy contentos. Se les ha cumplido el sueño. Sus enemigos claudicaron y se empiezan a ir. Cansados de tanto maltrato llevarán su talento, su riqueza y sus ansias de progreso a otros lugares donde los reciban con los brazos abiertos. Esas comunidades disfrutarán de mayor empleo, más competencia y mejores precios para sus habitantes.

Esta ya no será jamás la sede de esos crápulas explotadores e individualistas. Aquí sólo reinará la decadencia y la mediocridad mientras los indigentes se multiplican. Después de todo, la pobreza no radica en la escasez de bienes, sino en la mirada miope de académicos e intelectuales, pero también en la cruel actitud de una clase política miserable.

Hasta que la sociedad no entienda que, para desarrollarse precisa de una vigorosa, diversa y entusiasta jauría de empresarios, que solo se consigue con un clima amigable con los negocios, que facilite oportunidades, nada bueno ocurrirá en esta patria que, en otros tiempos, supo ser el faro que sedujo a millones de inmigrantes para construir aquí su versión del paraíso.

Elecciones USA: distopía y polarización

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El presagio no es de agoreros atribulados, es más bien la observación de alta crispación del ambiente político y social que se está dando en la tierra del Tío Sam.

Se acercan las elecciones, y la polarización política y social es de bandera y pancarta; de activismo radical cargado de hostilidad y rabia. La tensión es palpable en el ambiente, las redes sociales explotan de mensajes y llamados al saqueo; y la diatriba es cada vez más ofensiva y radical.

Según un estudio del Instituto Cato, de enero de este año: “El 62% de los estadounidenses tiene opiniones políticas que teme compartir. El 50% de los demócratas fuertes apoyan despedir a los donantes de Trump; el 36% de los conservadores fuertes apoyan despedir a los donantes de Biden, y al 32% le preocupa perder oportunidades laborales debido a sus opiniones políticas”.

Desde que surgió el movimiento Black Life Matters, Antifa y otros grupos de corte radical, el discurso ideológico está más cargado que nunca de mensajes anti-Trump. La narrativa sobre racismo, discriminación, aborto y matrimonio gay son temas reiterados en la mayoría de los discursos radicales. Se estima que los daños causados por disturbios y saqueos en los EE. UU. —después de la muerte de George Floyd— son los más costosos en la historia de los seguros: entre US$1 mil millones y US$2 mil millones. ¿Qué se puede esperar ahora?

Todo apunta que estas elecciones se dirigen a una crisis constitucional. El sistema electoral estadounidense es complejo. Los votos del colegio electoral son los que al final eligen al ganador, no la cantidad de votos. En la última elección, Hillary Clinton obtuvo más de un millón de votos que Trump, pero fue este quien ganó la mayoría de los votos electorales.

La posibilidad de reclamos de ambos partidos es de una predicción de casi absoluta certeza, porque contrario a la organización de la mayoría de los sistemas electorales del mundo, que son manejados por agentes externos a los partidos, en los Estados Unidos son los partidos los que las manejan. Si le añadimos el problema que los votos por correo tienen que ser contados por los partidos mismos, la tormenta política es perfecta.

Según las encuestas actuales, Biden aventaja a Trump por 8 puntos. Si por alguna razón los resultados los ponen demasiado cerca, “la evolución” de los resultados se convertirá en una “revolución” por los resultados.

Como observador distante, puedo ver una crisis en la cual hasta la Guardia Nacional podrá ser llamada a poner el orden, lo cual a su vez generará efectos imprevistos de desobediencia civil. Nunca ha estado el Tío Sam en semejante predicado.

El político y humanista Thomas More sostenía en su obra Utopía, publicada en 1516: “Una comunidad perfecta; caracterizado por la igualdad social, la fe religiosa, la tolerancia y el imperio de la ley, combinando la democracia y la obediencia general a la planificación racional del gobierno”. “La distopía es lo opuesto. Mientras la utopía imagina un mundo donde las doctrinas se acoplen de manera armoniosa en el funcionamiento de las sociedades, la distopía, por su parte, toma la base del planteamiento utópico y lo lleva a sus consecuencias más extremas. De allí que planteamientos utópicos disciplinantes, que a primera vista podrían parecer sistemas ideales, en la distopía se convierten en realidades indeseables, donde las doctrinas erigen sistemas totalitarios, injustos, espantosos e insoportables. La distopia es pues la antítesis de la utopía de More”.

Más del 70 por de los profesores de las principales universidades son demócratas. El de la prensa es 8 a 1. Habrá alguna correlación distópica.

“Desconstitucionalizados”

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No creo que exista esa palabra pero la defino como la ausencia total de respeto a la ley máxima de Guatemala, llamada Constitución.

Mientras hemos estado ocupados, preocupados y hasta entretenidos con esto de la pandemia, el mal personificado en un buen grupo de gente ha hecho de las suyas en nuestraquerida y atormentada Guate.

Las ilegalidades que han cometido los “desmagistrados” (para seguir con la tónica del título), no son sorpresa pero sí son demasiados. La última jugada de la dirigente de ese reducto (no se le puede llamar presidenta, ni siquiera con mayúsculas) es de campeonato. Ella solita emite una orden ilegal, nombrando a alguien para que proceda con actuaciones también ilegales. No soy abogada así que no intentaré explicar algo tan legalista. Sin embargo, no hace falta tener esa profesión para darse cuenta de la ruta torcidaque ha seguido ella y su banda de delincuentes desde hace muchos años.

Lo que me he preguntado infinidad de veces es por qué, siendo los dictámenes manifiestamente ilegales, el resto de funcionarios, incluyendo diputados, le hacen caso. No podemos olvidar que el Congreso le dio posesión a dos diputados que no contaban con uno de los requisitos, el finiquito. La “descorte” de constitucionalidad dijo que sí había que hacerlo a pesar de que la ley es clara y dice que sin finiquito no podían ser juramentados. Lo único que se requiere es saber leer y plantarse ante órdenes ilegales.

Salivando por la guayaba, columna de opinión RAÚL FALLA

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El presidente de la República es jefe del Estado de Guatemala y ejerce sus funciones por mandato del pueblo, representa la unidad nacional y ejerce el mando de las fuerzas armadas del país, en busca del bien común.

Como dignatario, sus atribuciones y obligaciones están taxativamente reguladas en la Constitución Política de la República y la ley, así como las causales por las cuales puede ser removido o suspendido del cargo y los procedimientos que deben implementarse para ello.

El espíritu de la norma constitucional es, por una parte, garantizar que la persona que conduce el destino de la nación cumpla el periodo presidencial para el cual fue electo, y por la otra evitar la suspensión o separación del cargo por motivos espurios, políticos o ilegítimos, pues, de ser así, se violentaría el orden constitucional en perjuicio del Estado.

Lo anterior, tiene relación directa con la noticia de que el presidente Giammattei, ha sido diagnosticado con el virus del Covid 19, lo cual, ha generado una calurosa discusión con relación a la suspensión en el ejercicio de su cargo y su conveniente reemplazo por quien ocupa la vicepresidencia del país.

Desde luego que diversas personas y entidades afines al pacto de golpistas, al enterarse de la enfermedad del mandatario, sin descaro alguno, han iniciado una maliciosa campaña destinada a hacer realidad el sueño guajiro de sentar a un aliado ideológico en la silla presidencial y así someter a país al dominio de la extrema izquierda.

Ambiciosos de poder y ante el repudio que la población guatemalteca les ha demostrado en las urnas, hoy, fraguan el plan por virtud del cual utilizando sus piezas convenientemente ubicadas en la Corte Suprema de Justicia y el INACIF con Fanuel García Morales, pretenden otorgar una exhibición personal con miras a declarar la incapacidad física del presidente de la República y así lograr el asenso constitucional del vicepresidente Guillermo Castillo.

Castillo, ni lento ni perezoso y sediento de poder, se ha reunido ya con los representantes de los sectores más obscuros de la sociedad, los que van desde evasores de impuestos, terroristas de cepa y sus descendientes, Oenegeros, periodistas de dudosa reputación, hasta fiscales de la FECI, a quienes el vice, les ha ofrecido inmunidad total por los crímenes cometidos de llegar a ocupar la ansiada silla presidencial.

Ante ello, se hace necesario hacer pública la conspiración que se avecina para alertar a la población sobre el maligno plan que se pretende ejecutar, así como exigir a los diputados del Congreso de la República, el respeto debido a la ley, y no permitir bajo ninguna circunstancia la consumación de un golpe de Estado que, disfrazado de exhibición personal por asuntos de salud, pretenden llevar a cabo para defenestrar al presidente constitucionalmente electo, pues, de lo contrario, serán los únicos responsables de la grave crisis que se desencadenará.

La historia oculta de Cuba hará que los demócratas se avergüencen

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Artículo publicado originalmente en inglés en BizPac Review.

Hermanos de vez en cuando, escrito por David Landau, es un relato histórico de dos hombres excepcionales que coloca al lector dentro de la revolución cubana que llevó a Fidel Castro al poder.

El libro ya está ganando elogios de los líderes conservadores. David Horowitz, un George Orwell estadounidense, ha llamado a Hermanos de vez en cuando “una narración cautivadora”, así como una guía para la izquierda de Bernie Sanders en Estados Unidos. Puesto que los partidarios de Sanders ahora están conduciendo el navío vacío de Joe Biden y los demócratas, Cuba y Castro se vuelven más relevantes para la elección de 2020.

Emilio Adolfo (Emi) y Adolfo Rivero fueron héroes de la resistencia cubana que empezaron a pelear contra el antecesor de Castro, Batista. Luego del golpe orquestado por Castro, los hermanos tomaron bandos opuestos. Emi rápidamente entendió que Castro era un peligro mucho más grande para Cuba de lo que Batista había sido. Adolfo, sin embargo, era un comunista comprometido que pensó que Castro llevaría a Cuba al sueño utópico de la justicia social.

Emi se convirtió en un agente de la CIA dentro de Cuba. Reconoció que los estadounidenses, debido a su descuidada falta de comprensión sobre Cuba y Castro, probablemente perderían. Pero su compromiso con la libertad lo impulsó a unirse a la batalla. Los agentes de Seguridad del Estado de Castro lo capturaron.

Un interrogador de Emi visitó a Adolfo y le preguntó por consejos para tratar con Emi. Adolfo sin dudar dijo: fusílenlo. Cuando luego el Partido Comunista se deshizo de Adolfo, él puso al Partido por encima de sí mismo y aceptó el exilio como su deber con la revolución. Pero cuando Adolfo cambió de parecer, el régimen lo arrestó.

En prisión, Adolfo trabajó con un nuevo camarada, Ricardo Bofill, para crear un movimiento cubano de derechos humanos. Contra toda probabilidad, el movimiento de derechos humanos tuvo éxito al poder contener a Castro dentro de sus propios estándares públicos. Castro respondió expulsando a los activistas fuera de Cuba.

Emi y Adolfo se encontraron en París en 1988. Conmovido, Adolfo contó a Emi que él había pedido su ejecución. Emi respondió a Adolfo que, al hacer eso, había salvado su vida.

Paradójicamente, Emi dijo, los camaradas de Adolfo lo querían por su pureza y por eso perdonaron a Emi. El amor existe, pero no oficialmente. En la Cuba de Castro, el régimen ordenaba a las personas a delatar a sus vecinos e incluso a sus familias.

El comunismo falla porque niega a la gente su humanidad. Motivado por la búsqueda de una utopía inexistente, la sociedad necesariamente se consume en sí misma. El resultado es un orden devastado como en la Cuba de Castro o en la Venezuela de Hugo Chávez.

Landau primero creó una versión narrada de la historia de Hermanos de vez en cuando en 1994. Su agente en Nueva York entregó el manuscrito a varias editoriales. Como Landau dice en el epílogo de su libro actual, los editores neoyorquinos “dieron la espalda” a su primer libro.

Algo clave en los motivos de aquellas editoriales se puede encontrar en una reciente reseña de Hermanos de vez en cuando por Aram Bakshian Jr., un exasesor de los presidentes Nixon, Ford y Reagan. En esa reseña, publicada por el Washington Times, Bakshian menciona sus propios primeros recuerdos de la revolución cubana y dice: “El New York Times —que había publicado una serie de artículos sobre Castro con notorio alivio— no podía estar más feliz”.

Lo notable es que, a diferencia de muchos que luego cambiaron de opinión, la gente que prevalece en el New York Times sigue admirando al régimen de Castro. El New York Times resulta ser la institución que establece la agenda de la intelectualidad literaria de Estados Unidos —y para los demócratas en general.

De su experiencia inicial, Landau comprendió que Hermanos de vez en cuando fallaría de nuevo si volvía al mundo literario de Nueva York con su nueva e incluso más rigurosa versión de la historia. Esta vez, él decidió incluir a aquellos pensadores que se oponen a varias doctrinas de la corrección política, que son las mismas de la plataforma del Partido Demócrata.

Claro que a los demócratas les gusta burlarse de los anticomunistas y pretender que sus enemigos políticos son los extremistas de la derecha. Sin embargo, como demuestra la narrativa de Landau, las estrategias del comunismo cubano y el programa de los demócratas son virtualmente lo mismo.

Los comunistas están empeñados contra la expresión personal, pero nuestro individualismo, como Emi Rivero atestiguó con su propia vida, es consistente con la naturaleza. Fuimos creados para ser libres. Simultáneamente somos posesivos, egoístas, caritativos y capaces de sacrificarnos por un bien mayor.

Los anticapitalistas se quejan de nuestra naturaleza y creen que el gobierno puede cambiarlo. Cuba demuestra lo contrario.

Nuestra Declaración de Independencia y nuestra Constitución contienen los principios idealistas a los que aspirar. La catástrofe de la Cuba de Castro, que queda expuesta por el relato de Hermanos de vez en cuando, es una historia que debe inspirarnos a defendernos de Biden, obedecer a nuestra naturaleza y estar a la altura de la excepcional y fantástica herencia que los fundadores estadounidenses nos transmitieron.

Steven Hecht

Ley y derecho, columna de opinión, Luis Enrique Pérez

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Encuentro una diferencia esencial entre ley y derecho. La ley es obra del legislador; pero el derecho no lo es. Yo tengo derecho a la libertad, y derecho a la vida, y derecho a la propiedad privada; pero no porque generosamente el legislador decreta una ley que me concede esos derechos. Los tengo, aun contra la voluntad del legislador; y si él pretende violarlos, tengo también este derecho: rebelarme y derrocarlo.

Y opino que el primer derecho es la libertad. Y me apresuro a admitir esta tesis de Immanuel Kant, expuesta en “Ciencia del Derecho”: “La libertad es el único derecho original e innato que pertenece igualmente a cada ser humano por razón de su humanidad.” Por razón de su humanidad, es decir, solamente porque es ser humano, y no por razón de la ley que decreta el legislador.

El legislador no crea el derecho, ni puede crearlo. El derecho es ley natural, no necesariamente porque tiene un sagrado origen divino, o un misterioso origen metafísico, sino solo porque es inherente a la esencia del ser humano; esencia en el sentido aquel de la “quididad”, de Tomás de Aquino, o de la “forma sustancial”, de Aristóteles, o del “eidos”, de Platón; o esencia en el sentido de aquello que hace que un ser sea lo que es.

La ley que el legislador decreta es ley artificial, que nunca podría ser superior a la ley natural. Esa ley artificial es denominada “ley positiva”, que Hans Kelsen, en su obra “Teoría Pura del Derecho”, define de esta manera: ley creada por “un acto ejecutado en el espacio y en el tiempo”. Es, según él, ley dada, y no ley supuesta.

Es legítima la ley positiva que tiene el atributo de ser compatible con el derecho, o de ser una expresión del derecho, o de ser subordinada al derecho, o de ser el instrumento de conversión de la idealidad del derecho en realidad del derecho. Es ilegítima aquella que no tiene por lo menos uno de esos atributos. Importa, entonces, que la ley no sea meramente ley, “in abstracto”, sino que sea legítima ley, “in concreto”. Creer que la ley, solo por ser ley, es legítima, es un error que puede causarle cuantioso mal a una sociedad.

El peor legislador es aquel que no sabe cuál es el derecho; y convierte su ignorancia en catastrófica fuente fecunda de ley positiva que atenta contra el derecho. El mejor legislador es aquel que sabe cuál es el derecho, y lo convierte en criterio para juzgar sobre la legitimidad o la ilegitimidad de la ley positiva, y en fundamento para decretar la ley. Y deroga la ilegítima ley, y rechaza la propuesta de ilegítima ley, y aprueba la legítima ley.

Se argumentará que el derecho debe tener límites, y que debe imponerlos la ley positiva. Evidentemente, debe tener límites. Empero, ¿deben ser límites impuestos por el legislador, y por ello, límites que pueden ser infortunada obra de una arbitraria, abusiva y hasta estúpida voluntad legislativa? ¡Jamás! Mi derecho a la libertad debe ser limitado solo por el igual derecho a la libertad de mi prójimo. Mi derecho a la vida debe ser limitado solo por el igual derecho a la vida de mi prójimo. Mi derecho a la propiedad privada debe ser limitado solo por el igual derecho a la propiedad privada de mi prójimo. Un límite mayor atenta contra el derecho.

Distingo entre un régimen de mera legalidad, que puede atentar contra el derecho, y un régimen de legítima legalidad, que se fundamenta en el derecho. Esta distinción nos advierte que el poder legislativo del Estado puede crear, conservar o fortalecer un régimen de ilegítima legalidad. El mismo poder judicial puede dictar sentencias que contribuyen a esa creación, o a esa conservación o a ese fortalecimiento. Es decir, también hay sentencia judicial ilegítima, aunque la dicte el más sublime tribunal.

Distingo entre un Estado “de derecho” y un “Estado de legalidad”. Un Estado “de derecho” no es un Estado de mera legalidad. Es un Estado de legítima legalidad. Esta distinción nos advierte que un Estado regido por leyes ilegítimas es, realmente, y paradójicamente, un Estado “de hecho”. Lo es por la misma ilegitimidad de la ley; pues la ley ilegítima, por definición, excluye el derecho. Opino que es un peligroso error denominarle “Estado de legalidad” a un Estado de ilegítima legalidad.

Distingo entre gobierno de la ley y gobierno del derecho. Esta distinción nos advierte que el gobierno de la ley, denominado, en inglés, “rule of law”, puede ser el peor gobierno porque puede ser gobierno de la peor ilegítima ley. Precisamente gobiernos de la peor ilegítima ley han arrojado, en la espantada corriente de la historia, torrentes terroríficos de novedosa criminalidad. Emplear la frase “gobierno de la ley” para significar “gobierno del derecho” es cometer un atroz delito semántico.

Distingo entre actuar conforme a la ley, y actuar conforme al derecho. Esta distinción nos advierte que, gobernantes y gobernados, aunque actúen sometidos a la ley, no por ello actúan sometidos al derecho. El gobernante que impide, en nombre de la ley, que el gobernado importe libremente bienes, actúa conforme a la ley, pero no conforme al derecho. Y el gobernado que, por ley, es obligado a pagar un impuesto sobre su bien inmueble, y cumple con la obligación de pagarlo, actúa conforme a la ley, pero no conforme al derecho. Efectivamente, no es conforme al derecho pagar un impuesto sobre la propiedad privada, como tampoco lo es pagar un impuesto sobre la libertad o sobre la vida.

En un país fatigado por la injusticia, por el conflicto y por la pobreza, algunos ciudadanos pueden promover un “proyecto de nación” destinado al triunfo de la justicia, el regocijo de la paz y el esplendor de la riqueza. Preténdese que el proyecto sea producto de un fabuloso consenso nacional, destinado a ser un grandioso faro, apto para iluminar la ruta gloriosa por la cual el pueblo marcharía entusiasta hacia un prodigioso destino patrio.

No creo en un tal “proyecto de nación”; pero creo en uno que pretenda crear un reino del derecho. No sería un proyecto que, predeciblemente mediante leyes ilegítimas, impusiera a la generación presente y a las futuras generaciones, finalidades particulares que reclamarían ser válidas solo por ser obra de un consenso. No sería un coercitivo proyecto colectivo Sería un proyecto de nación en el que cada ciudadano, en un Estado de derecho, con la certeza de ejercicio de sus derechos, y regido por leyes legítimas, tendría su propio proyecto individual.

Post scriptum. Una causa de los peores males que puede sufrir una sociedad es la ley ilegítima, principalmente cuando los gobernantes celosamente obligan a cumplirla porque se benefician de ella más que de una ley legítima.

Luis Enrique Pérez

Héroe en cinco pasos, columna de J. Fernando García Molina

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He aquí lo que se debe hacer cuando uno es joven, se emborracha, tiene “mal trago” y quiere ser héroe.
Primero Busque un lugar público o bajo vigilancia policial y allí saque todo su resentimiento en contra de los policías, la autoridad, el gobierno, la Iglesia…

Debe insultar, ofender y gritar. Si hay agentes de la policía, agrédalos, miénteles la madre y diga que es periodista.

De esa forma usted podrá demostrar que es muy macho y está por encima de la ley, la autoridad y quienes la representan.

Olvide que los policías son personas que tienen un trabajo digno y prestan un valioso servicio a la población. Ellos resguardan el orden y la seguridad de los ciudadanos trabajadores, honrados y dignos. No piense en eso.

Lo único que debe tener presente es que algunos de ellos (no todos), en algunas ocasiones (no siempre), abusan del poder que su puesto necesariamente les confiere.

Dentro de la policía, igual que en otros gremios, técnicos, de justicia, profesionales, eclesiásticos, de prensa, de gobierno… hay quienes cometen crímenes y arbitrariedades.

Segundo Si además de ser un “borracho mal trago”, usted es periodista o algo parecido, puede sentirse seguro de que los medios de prensa van a apoyarlo. No importa lo abusivo, ofensivo y agresivo contra la autoridad que haya sido su comportamiento.

Puede esperar que las asociaciones de prensa brinquen a protegerlo. No se van a ruborizar cuando hagan publicaciones en su favor. Se pondrán de su lado y pasará a formar parte de las estadísticas que anualmente presentan a la SIP y otras entidades.

El medio para el cual usted trabaja o dirige va a ser el primero en poner denuncias alegando represión contra la prensa.

Ellos asegurarán que usted no es un borracho “mal trago”. Dirán que es una represalia del gobierno por algo que usted alguna vez escribió o que el medio publicó en contra del gobierno.

Tercero Seguramente la Procuraduría de Derechos Humanos –PDH— se va a pronunciar en favor suyo. Pero no solo ellos, si es afortunado, el mismo Vicepresidente de la República, podría ofrecer su apoyo. Dirá que se debe hacer una investigación más profunda sobre su “caso”.

A estas alturas, los policías que lo aprendieron ya estarán lamentando haberlo hecho. Seguramente pensarán que si su más alto jefe (el Presidente o el Vicepresidente) lo apoyan a usted, ellos están fritos.

Alguien recordará que la libertad de prensa es el principal bastión de la democracia y que todos deben subordinarse ante los periodistas ya que ellos representan el “quinto poder”.

Cuarto Haga todo lo posible para que su caso llegue a los tribunales. Si es posible, péguele una buena patada a un policía. Provóquelo con insistencia. Si este pierde los estribos y le llega a pegar una merecida pescozada, es como haberse sacado la lotería. Si el policía no le pega, golpéese a usted mismo con lo que pueda. Un morete reciente merecerá una foto y una foto vale más que mil palabras.

Recuerde que en el centro de detención hay periodistas. Así que allí le convendrá hacer un nuevo espectáculo, repita la bravata anterior, insulte, maldiga, agreda, injurie, calumnie, ofenda… Recuerde que todo está a su favor.

Vuelva a pelear con sus custodios y todos quienes estén allí. Tal vez la suerte le sonría y alguien le dé una bofetada que quede grabada para siempre y se pueda hablar de “brutalidad policial”.

Quinto Cuando lo lleven a juicio cambie su comportamiento diga “buenos días” al juez y no tenga pena. Ya el Gobierno le habrá pedido que colabore dejándolo libre “por falta de prueba” o algún argumento parecido. El juez le tomará una declaración de rutina.

Mejor si el abogado que la empresa le provea tiene prestigio por haber defendido a personajes importantes, el juez no intentará impartir una justicia que desconoce.

En realidad, el juez prestaría un mejor servicio a la sociedad si se dedicara a la venta de chorizos o algo así. En sus manos, la Majestad de la Ley no es sino otra frase vacía.

Uno o dos días después, usted, borracho “mal trago”, será puesto en libertad. Es posible que alguien le ofrezca disculpas en nombre del Estado.

Al salir se reunirá con sus amigos, familiares y colegas. Todos querrán salir en la foto. Ellos lo felicitarán por su comportamiento y lo elevarán a la calidad de héroe.

Sea generoso y diga que no pide nada contra los policías que lo arrestaron. Recuerde que el Presidente, el Vicepresidente, el Ministro y el Jefe de la Policía lo apoyaron a usted. A ellos los dejaron solos. Perder la fe y la confianza en sus superiores ya es un castigo tremendo.

Digresión:Tal vez le interese este vídeo, que podría ejemplificar lo anterior: https://www.facebook.com/1440170969539473/posts/2665283807028177/?sfnsn=mo&extid=HAk31BfM7guZXeVX Fin de la digresión

Post Scriptum: ¿Y la justicia? ¿Y el honor de la Policía Nacional? ¿Y el Estado de Derecho? ¿Y el Presidente, acaso no queda como tapadera? ¿Y el Vicepresidente, haciendo el papel de cómplice? ¿Y la población en general observando estas actuaciones que ofenden la conciencia ciudadana y llena de indignación guarda silencio?

J. Fernando García Molina

Entrevista , José Domingo Rizzo Leal, sobreviviente del ataque perpetrado por el EGP el 5 de septiembre de 1980 en el Parque Central de la zona 1, de la Ciudad de Guatemala. Una víctima de la guerrilla que se atreve a alzar la voz.

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Les comparto mi entrevista con el Perito Contador, José Domingo Rizzo Leal, sobreviviente del ataque perpetrado por el EGP (Ejército Guerrillero de los Pobres, el 5 de septiembre de 1980 en el Parque Central de la zona 1, de la Ciudad de Guatemala. Una víctima de la guerrilla que se atreve a alzar la voz.

Es importante que las nuevas generaciones escuchen estas historias, que los maestros de escuela no les enseñan.  Un país que no tiene claridad sobre su Historia está condenado a repetir los mismos errores del pasado. Los jóvenes deben de entender que el conflicto armado interno fue una guerra de guerrillas sucia, cómo se peleaba en muchas partes del planeta, en la que ambos lados cometieron excesos. Deben entender que la justicia no es justicia si es parcial. Y que la firma de los Acuerdos de Paz nos fue vendida a los ciudadanos cómo la forma de poner fin al conflicto, y reconstruir una Guatemala unida, no sumida en una venganza sin cuartel de un lado hacia el otro.

 
1. Señor Rizzo, le agradezco nos lleve a ese terrible 5 de septiembre de 1980. ¿Cuéntenos qué hacía usted ese día? 

Gracias Licenciada Betty Marroquín, por invitarme a compartir este capítulo de mi historia. Para mí es un honor participar en su programa, no obstante que físicamente estoy a miles de kilómetros de mi Guatemala, le envío mi saludo atento y respetuoso a usted y a su audiencia.    

 Ese 5 de septiembre de 1980, no era un día cualquiera, por asuntos de orden personal, estaba entusiasmado y dando gracias a Dios, por bendiciones recientemente recibidas. Yo tenía 44 años de edad. 
 

Trabajaba en el Banco de Guatemala, una gran institución, donde laboré por espacio de 25 años. En 1959, me inicié como cajero en la agencia de mi pueblo, Salamá, y me retiré jubilado, 25 años después, siendo el jefe de la Sección de Tesorería del Banco de Guatemala.   

Por la mañana salí a Palacio Nacional. Tenía que atender algunos asuntos en el edificio de gobierno. En el Parque Central, solicité un lustre; mientras un muchacho muy atento, a quien ya conocía, lustraba mis zapatos, yo disfrutaba leyendo Prensa Libre; el día transcurría normalmente, presurosos, cientos de hombres, mujeres y niños, deambulaban de un lugar a otro, gente de mayor edad, animaba sus tertulias en las bancas del parque, supongo, comentando las últimas noticias, quien sabe, a lo mejor, contando historias del pasado; laboriosos hombres de toda edad, ofrecían sus servicios: los que cuidan y lavan carros, los vendedores de periódicos, los que ofrecen lustre, y tantas cosas más, el ambiente era por demás, interesante y agradable.   

No puedo precisar la hora, pero inesperada e intempestivamente, de manera abrupta, salvaje y violenta, la paz y la tranquilidad de la escena fue interrumpida por un estruendo descomunal, que es imposible de explicar en detalle, en el mismo instante, surgió un dantesco huracán de fuego, que calentó el ambiente en extremo, el muchacho que me lustraba estaba en el suelo, yo también, volaron por los aires, tierra, maleza, piedras, metales retorcidos, ramas y hojas de los árboles, humo en abundancia y lo más dramático y lamentable, partes de cuerpos humanos descuartizados, algunos estaban colgando en las ramas de los árboles. Había un olor fétido, saber a qué. Después por las noticias me enteré en detalle de los pormenores de lo acontecido.   

Me incorporé, estaba saturado de tierra y humo, no perdí la calma, pero estaba estupefacto, perplejo, escuchaba poco, pero escuchaba, un ruido ensordecedor prevalecía en mis oídos, algo así como un pitio, un sonido fuerte y molesto. El escenario era terrible, horroroso e indescriptible, todo había cambiado en cuestión de segundos.   

 La gente corría asustada y despavorida de un lugar a otro, se escuchaban gritos y lamentos por todos lados, gritos de gente pidiendo auxilio, hombres mujeres y niños, sangrando, unos renqueando y otros gateando sin rumbo fijo, era un cuadro de angustia, dolor y terror indescriptible, era el caos en su máxima expresión, era un cuadro dantesco de sufrimiento y desesperación, el muchacho que me lustraba me señalaba una pierna cercenada, que estaba en el pasillo a pocos metros de nosotros, con claridad la divisé, por el zapato, supongo que era de hombre, un cuadro horrible, una joven dama corría con dos niñas por ese pasillo, una niña en cada mano, la niñas corrían a la par de la dama, la dama y las pequeñas, tropezaron con la pierna que estaba tirada en el piso y cayeron de bruces, el muchacho que me lustraba, presuroso, las levantó.   

Estaba tranquilo, no perdí la serenidad. El auxilio y los entes de seguridad coparon el escenario. Dando gracias a Dios por estar con vida, opté por buscar mi vehículo y retirarme del lugar.      

 
2. ¿Qué secuelas le dejó física y anímicamente? 

 
Anímicamente no me afectó, pero físicamente sí. Mi capacidad auditiva disminuyó considerablemente, a tal grado que, para atender mi desenvolvimiento laboral y cotidiano, he tenido que usar aparatos auditivos.  

Aquí en los Estados Unidos de América, durante veinte años trabajé en bancos e instituciones financieras, e incluso durante varios años fui District Manager para el Sur de California de la compañía Ría Envía, y gracias a Dios, haciendo un esfuerzo y con el uso de mis aparatos auditivos superé el problema de poca audición. Actualmente estoy en condición de retiro.   

3. ¿Considera usted que eso fue una acción de terrorismo, ¿cómo se concibe en este siglo XXI? 

 
Todos sabemos lo que es y lo que persigue el terrorismo.  

Sus fines son macabros, despiadados, infames e inhumanos, y consiste en utilizar medios salvajes para asesinar masas y causar destrozos materiales.  

A los sanguinarios terroristas guerrilleros de la URNG, les vale madre la supervivencia e integridad humana. 

 Los sanguinarios y criminales terroristas guerrilleros de la URNG no son la excepción, estas mascotas de satanás, son auténticos émulos congénitos del despiadado terrorismo que en su máxima expresión practican Boko Haram, El Estado Islámico, Los Talibanes, y otros sanguinarios más de su mismo género incluyendo, digamos, a personajes de mente infectada por el germen putrefacto de la violencia, la maldad y el desprecio por la vida humana, como, por ejemplo, Pablo Escobar, Abimael Guzmán, y otros degenerados más.    

Los sanguinarios terroristas guerrilleros de la URNG, lograron su cometido en el Parque Central, fue un acto salvaje y despiadado, para ellos este acto demencial fue de excelentes resultados, cumplieron a cabalidad con lo que buscaban: descuartizar seres humanos inocentes, causar impedimentos físicos de por vida a cientos de personas que nada tienen que ver, destrozos materiales y sembrar terror.    

4. Cómo víctima de la guerrilla, ¿le gustaría que se tomaran acciones legales contra los responsables y se hiciera justicia? 

 
Qué acciones legales se pueden tomar en contra de la basura humana, como la URNG en un país como Guatemala, donde la justicia vale madre; donde no existe un verdadero Estado de derecho; donde las acciones legales se resuelven con acuerdos de compadre hablado; donde las leyes se aplican de forma arbitraria, parcial y selectiva; donde se politiza la justicia y se judicializa la política; donde si un joven de barrio pobre, en la escuela dispara un arma, la justicia lo mete al bote a él y a su padre, pero si el nieto de un arrogante, prepotente e intocable pelagatos con aires de grandeza, dispara un arma en un colegio de alcurnia, el aprendiz de gatillero es absuelto; qué podemos esperar de las leyes de un país donde los testigos de cargo presentados por las autoridades son criminales sanguinarios que están purgando penas en la cárcel por sus fechorías; que justicia puede haber en Guatemala donde damas encapuchadas acusan como testigos de cargo.  

Qué justicia puede haber donde los criminales cobardes terroristas guerrilleros de la UNRG, asesinaron a dos embajadores y también a miles de personas inocentes, con el agregado de que cometieron toda clase de delitos, como secuestros, robos, cobro de impuestos de guerra, a punta de dinamita destruyeron la infraestructura del país, incendiaron la propiedad privada y pública, entre esos incendios convirtieron a cenizas más de cien registros civiles y municipalidades, dejando en el limbo de la identificación a millones de guatemaltecos, y miles de delitos más, y la justicia, bien gracias.

 5. ¿Qué acción legal tomó usted, si alguna? 

Durante el mandato en el MP de la Doctora Claudia Paz y Paz, y durante el tiempo de la Licenciada Thelma Aldana, envié una denuncia, en el sentido de que se hiciera justicia por el bombazo del Parque Central y hasta la fecha estoy esperando la respuesta. En mis notas, no acuso a nadie, pero pido que se investigue y se proceda en contra de los culpables.   

6. ¿Quiere dejar algún mensaje a los jóvenes que no vivieron la era del conflicto armado? 

 
Estudio, educación, honestidad, trabajo y fiel cumplimiento de las leyes.    

PD: Independientemente del tema del terrorismo de la URNG, si me permite, le comento lo siguiente: 

En tiempos del enfrentamiento armado en Guatemala, las huestes subversivas de la URNG., en sus mítines, tanto en la USAC como en cualquier otro lugar, se lucían profiriendo los más reacios, hirientes y vulgares vituperios e insultos, en contra del pueblo y gobierno de los Estados Unidos de América; y como corolario de sus actos antimperialistas, rasgaban, pisoteaban, escupían e incendiaban la bandera de las barras y las estrellas; pero estos mismos cobardes, indignos y poco hombre de los adeptos de la URNG., cuando se vieron perdidos, en lugar de encaminar sus pasos hacia Cuba, cínicos que son, por miles se vinieron a refugiar a este bello y generoso país de libertad y progreso, de los Estados Unidos de América, donde viven bien, se visten bien y se hartan bien y, además, han logrado la superación integral de sus familias.  

El día que este país, de donde gracias a Dios yo soy ciudadano, se vea involucrado en una conflagración mundial, que de por seguro que tiene miles de alacranes entre la camisa. Y le voy a decir, por qué 

Hace años, con mi esposa asistíamos a un gimnasio, casualmente conocimos a un par de esposos setentones, de origen guatemalteco, nos presentamos, resultó que ellos son de una aldea de Rabinal, y yo de Salamá, pues hicimos buena platica. 

Me contaron que ellos, los dos, de jóvenes, eran guerrilleros, su función era en cuanto al cumplimiento de “correos”, estando en ese trajín, se unieron como pareja, pero cuando supieron que en la aldea los andaban buscando, huyeron para California.  

Aquí se casaron, tuvieron dos hijas que hoy son profesionales universitarias, tienen casa propia, al gimnasio llegaban en elegante y lujosa moto de tres ruedas, gafas y ropa deportiva.  

Me comentaron que a ellos los engañaron, aleccionándolos para odiar al imperio americano, a los empresarios y a los ricos, pero que, al llegar a este país, y vivir largo tiempo aquí, se han dado cuenta que todo lo que les dijeron es mentira. Pero también me agregaron que aquí, según tienen conocimiento, saben que tanto de El Salvador, como de Guatemala han venido miles de fervientes admiradores del castrocomunismo, exguerrilleros en nuestros países que aún persisten con sus ideas totalitarias.  

Saludo respetuoso para usted.  

José Domingo Rizzo Leal 

14 de septiembre de 2020  

BETTY MARROQUIN

LOGOS,Democracia y república, columna de Luis Enrique Pérez Estrada

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Era el día 17 de septiembre del año 1787. Terminaban las sesiones del congreso que decretó una nueva Constitución de Estados Unidos de América. Varios ciudadanos se habían congregado ante el Salón Independencia, de Filadelfia, en donde el congreso había celebrado sus sesiones.

Uno de los legisladores constituyentes había sido Benjamín Franklin; y cuando abandonaba el salón, un ansioso ciudadano le planteó esta pregunta: “¿Será nuestra nación una república, o será una monarquía?” Franklin respondió: “Una república, si podéis conservarla.”

Era el día 17 de septiembre del año 2000. El presidente Bill Clinton declaró que los legisladores que decretaron la Constitución de Estados Unidos de América “habían comprendido la enorme tarea que intentaban ejecutar: crear una democracia representativa.”

Empero, esos legisladores jamás pretendieron crear una democracia representativa o no representativa. Pretendieron crear una república; y despreciaban, o abominaban, o repudiaban, la democracia.

Samuel Adams, quien firmó la Declaración de Independencia, aprobada en el año 1776, dijo: “La democracia nunca dura mucho… Pronto se consume, se extingue y se mata ella misma… Nunca ha habido una democracia que no cometa suicidio.”

Alexander Hamilton, persuasivo apologista de la nueva constitución de la república federal, afirmó: “Se ha dicho que una democracia pura, si fuera posible practicarla, sería el gobierno más perfecto. La experiencia demuestra que no hay creencia más falsa. Las antiguas democracias, en las cuales el pueblo mismo deliberaba, nunca fueron un buen ejemplo de gobierno. Su auténtica naturaleza era la tiranía; y su modalidad, la deformidad.”

James Madison, llamado “padre de la constitución”, afirmó: “Las democracias siempre han sido un espectáculo de turbulencia y contienda. Han sido siempre incompatibles con la seguridad individual o con el derecho de propiedad; y han sido, en general, tan breves en su vida como violentas en su muerte.”

Fisher Ames, elocuente defensor de la renovada federación, afirmó: “La democracia es el gobierno de las pasiones de la multitud o… es el gobierno según los vicios y las ambiciones de sus líderes… La democracia es una etapa intermedia hacia la tiranía.”

Ames, en su obra “El fango de la democracia”, expresó que los legisladores que decretaron la Constitución de Estados Unidos de América querían que la nación “fuera una república, la cual se diferencia de una democracia mucho más de lo que una democracia se diferencia del despotismo.”

Los antiguos romanos denominaron “res publica”, o “cosa pública”, al Estado no monárquico. Precisamente Roma había desistido de la monarquía, propicia para la tiranía o el despotismo, y había adoptado la república. Esta transición ocurrió en el año 509 antes de la Era Corriente, cuando fue derrocado el rey Lucio Tarquinio, El Soberbio. Fue el séptimo y el último rey de Roma.

En el año 1776, trece colonias británicas en América del Norte se independizaron de una arrogante, insolente y despótica monarquía, y fundaron una república: los Estados Unidos de América. En el año 1792, los franceses no se independizaron de una monarquía, sino que la derrocaron; y entre el frenético griterío de agitadas multitudes, y la furiosa persecución de enemigos políticos o de disidentes ideológicos, y el laborioso trabajo del patíbulo, y el licencioso esplendor del terror, pretendieron fundar una república.

El ideal de los fundadores constitucionales de los Estados Unidos de América era una república, concebida como un reino del derecho; del derecho a la libertad, el derecho a la vida y el derecho a la propiedad privada. Eran derechos exclusivamente individuales, “inalienables” y hasta divinos, que ninguna mayoría en una democracia, o ninguna minoría en una monarquía, podía transgredir.

La finalidad del gobierno era garantizar el ejercicio de esos gloriosos derechos del individuo, por medio de poderes legislativos, judiciales y ejecutivos, separados y recíprocamente independientes pero obligados a confluir en aquella sagrada garantía. Comparto, con esos fundadores constitucionales su concepción de la república. Y por eso mismo, comparto su desprecio, su abominación o su repudio por la democracia; por esa democracia que, en su modalidad más pura, otorga a la mayoría el poder de suprimir el derecho.

Comparto su desprecio, su abominación o su repudio por esa democracia en la que no importa la libertad del individuo, ni importa su vida, ni importa su propiedad. Importa el interés de criminales masas violentas, cuya incontenible fuerza motriz es la envidia, o el resentimiento, o el odio furioso a la lícita riqueza. O es la complacencia de esas masas en destruir aquello que no pueden construir. O es su demencial preferencia por la igual pobreza de todos, y nunca la sensata aceptación de la lícita riqueza de algunos.

Comparto su desprecio, su abominación o su repudio por esa democracia en la que el gobierno sirve el interés de la mayoría por medio de prostituidas funciones legislativas, corruptas funciones judiciales y arbitrarias funciones ejecutivas; y en la que se prohíbe la nobleza, pero se autoriza la vileza. Y entonces no importa que la cárcel sea el desgraciado hogar del idealista que clama por la libertad, o que la guillotina arrebate la preciada cabeza del justo, o que ser despojado sea el destino del legítimo propietario.

Una democracia que no es un mero procedimiento con el cual la mayoría de los ciudadanos elige gobernantes, sino una modalidad de gobierno que confiere a la mayoría el poder de destruir los derechos del individuo, es una maldición política tanto como la república es una bendición. Y el mayor bien de toda la sociedad reclama, no una democracia que aniquila el derecho, sino una república que lo santifica.

Post scriptum. En una república, el derecho del individuo es independiente de mayorías o de minorías. Por supuesto, ese derecho debe ser limitado; pero solamente para que sea posible que todos los individuos puedan igualmente ejercer su derecho.

Luis Enrique Pérez Estrada

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